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2 nov 2014

La importancia del movimiento feminista en la campaña contra el TTIP

 
¿Qué es eso del TTIP?

TTIP son las siglas en inglés del “Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones” que se está negociando entre los Estados Unidos y la Unión Europea. Este tratado, que se está fraguando a espaldas de la ciudadanía, supondrá la armonización de las leyes entre ambas potencias comerciales, con el fin de liberalizar los mercados financieros y crear la zona de libre comercio más grande del mundo.

Esta armonización legislativa significará que las regulaciones políticas, sociales, culturales, económicas y ambientales se supriman para favorecer otras leyes que primen los beneficios de las grandes empresas por encima del bienestar y la protección de la ciudadanía. A la orden del día estarán la privatización y la liberalización de los servicios públicos, la merma de los derechos de las personas e, incluso, de nuestra seguridad física y ambiental.

Además, una cláusula de resolución de conflictos entre inversores y estados, con la que se pretende defender a los primeros de cualquier amenaza legislativa, permitirá a éstos denunciar, a través de tribunales comerciales, a los estados que desafíen sus beneficios con políticas de carácter social. Por ejemplo, una ley que impida la expropiación de las viviendas a ciudadanía en riesgo de exclusión social, podría ser demandada por una entidad financiera cuyas inversiones se centren en la especulación inmobiliaria.

En pocas palabras: el TTIP destruirá el poco bienestar que le queda a la ciudadanía e impedirá su derecho a exigir y construir una legislación fuerte que blinde su seguridad política, social, económica, cultural y ambiental.

¿Qué supondrá para nosotras este tratado?

Esta destrucción de nuestros derechos, que ya viene siendo sistemática con la excusa de la crisis, dará como resultado una mayor precarización de la sociedad y, por consiguiente, una mayor carga de trabajo para las mujeres. No nos olvidemos de que somos nosotras quienes ejercemos, en mayor medida, todas las tareas relacionadas con los cuidados y la sostenibilidad de la vida.

La desarticulación de los sistemas públicos como el de la educación, el de la sanidad o el de los servicios sociales, así como el incremento de la contaminación y el aniquilamiento de la naturaleza. harán que las mujeres vuelvan a hacerse cargo, si es que en algún momento no lo hemos hecho, del papel que el patriarcado les ha asignado, el de cuidadoras.

En condiciones comunes, las mujeres ya sufrimos la presión de la exclusión. El 70% de la población mundial en situación de pobreza son mujeres. Ello es debido no sólo a la brecha salarial, el techo de cristal o a que tengamos un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial; si no también, y sobre todo, a la división sexual de trabajo -de lo cual se derivan las anteriores condiciones-, que nos mantiene en la desigualdad y se nos impide el empoderamiento económico necesario para poder estar en una posición justa de negociación de las reglas del juego. El TTIP hará que estas reglas sean aún más desiguales.

El movimiento feminista debe de estar en la primera línea de la lucha social contra el Tratado de Libre Comercio.


Por un lado, somos las grandes olvidadas. Cuando se habla de los grandes temas a los que afectará en nuestro día a día un tratado como éste, en la mayoría de los casos se invisibiliza, de manera consciente o inconsciente, que las mujeres nos vamos a llevar la peor parte. Y no sólo las mujeres, otros colectivos sociales minorizados, como la población inmigrante o la población con problemas de dependencia, son habitualmente prescindibles en los debates sobre los efectos del TTIP para la ciudadanía. Tenemos el deber de posicionarnos y de salir en la defensa de nuestros derechos, tenemos la responsabilidad de ejercer como sujetas sociales y políticas activas frente a este monstruo que se quiere comer nuestra ya disminuida autonomía.

Por otro lado, la lucha en contra del Tratado de Libre Comercio no debe de ser sólo una defensa de lo que ya tenemos, debemos ir más allá y exigir un replanteamiento del sistema político, social, económico, cultural y ambiental. En este sentido, la economía feminista tiene mucho que decir, puesto que se basa principalmente en la necesidad de reestructurar las relaciones de poder, haciéndolas equitativas (tanto las relaciones de género como otras, como pueden ser las interculturales o las de las personas y la naturaleza), y focalizando, de manera multidimensional, nuestra mirada en el sostenimiento y en el ciudado de la vida.

Cambiemos, pues, las reglas del juego. Seamos motor de cambio, como ya hemos demostrado ser a lo largo de la historia. ¿Nos vemos en las calles?

Más información sobre el TTIP: http://noalttip.blogspot.com.es/

Artículo publicado en el blog 12 causas feministas, como parte de mi voluntariado digital


Publicado también en: ATTAC Madrid y SinGENEROdeDUDAS

19 oct 2014

Autodeterminación afectivo-sexual y soberanía corporal de las mujeres jóvenes

Publicado junto a Ángel Amaro, en el blog Diáspora Queer.
 
Según la actual “Ley Orgánica 2/2010 del 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”, en cuyo artículo 3.3 del Título Preliminar se dice “nadie será discriminado en el acceso a las prestaciones y servicios previstos en esta ley por motivos de origen racial o étnico, religión, convicción u opinión, sexo, discapacidad, orientación sexual, edad, estado civil, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, se hace hincapié en una visión multidimensional de la realidad sociosanitaria. Esta concepción integral y democrática en el acceso a un servicio público, gratuito e universal, aún con limitaciones, es un planteamiento que quiere negar el presente gobierno de Rajoy.

Hoy en día estamos viviendo una reactivación cristofascista que estigmatiza, infantiliza y criminaliza el cuerpo de las mujeres, especialmente el de las mujeres jóvenes. Todo un ideario y una praxis moralista que anula la libre determinación de las adolescentes en relación a sus afectividades, sus sexualidades y sus gestiones corporales. Todas ellas constituyen y vertebran la identidad soberana de cualquier persona. Las políticas patriarcales encaminadas a menguar, minusvalorar y retrotraer estas libertades, suponen la punta de lanza de todo un aparato heterofalopatriarcal cuyo único fin es descomponer la dignidad y la identidad de las mujeres.

Esta maquinaria sociopolítica, judicial y mediática se materializa, además, en la falta de concreción de las medidas que la actual ley promueve en su articulado, en el que se recoge la necesidad de integrar en la educación formal tanto la salud sexual y reproductiva, como la diversidad afectivo-sexual. De esta manera se obvia la realidad de las mujeres bisexuales, lesbianas, transexuales y transgéneros, y de las mujeres jóvenes en general, que no tienen acceso durante la enseñanza formal a referentes libres de androcentrismo y heterocentrismo. No es de extrañar que los mismos que nos oprimen fomentasen la objeción de conciencia a Educación para la ciudadanía, limitasen la reproducción asistida a mujeres lesbianas, bisexuales y solteras, y recorten sistematicamente los presupuestos destinados a la prevención de la violencia de género, especialmente intrajuvenil.

Éste es uno de los atentados institucionales que acometió el gobierno del PP, dejar totalmente inoperante la presente ley con la aprobación de la LOMCE, cargándose de esta forma la coeducación, la prevención de las violencias patriarcales, la cultura de la paz y la convivencia de todas las orientaciones sexuales e identidades de género. Un modelo educativo que se legitima en el adultocentrismo y la asexualización de la juventud; es decir, se niega la sexualidad y no se aborda ninguna cuestión relativa a ella, en una sociedad en la que el sexo es el epicentro de la cotidianeidad. Sin una educación afectivo-sexual integral, las adolescentes se ven abocadas a una vulnerabilidad y precariedad constantes.

El cinismo institucional llega a tal punto que alimenta la violencia simbólica hacia las mujeres jóvenes, fomentando estereotipos y prejuicios que giran en torno al arquetipo de una adolescente irresponsable, egoista y mala madre. De esta manera, quiere negárseles el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, socializando datos erróneos y confundiendo a la ciudadanía con teorías teledirigidas desde la Conferencia Episcopal.

Según ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo) entre el 2010 y el 2011 abortaron 1186 mujeres de 16 y 17 años, de las cuales solamente 151 (un 12,73%) alegaron un conflicto grave para no informar de su decisión a padre, madre, persona con patria potestad, tutor o tutora. Entre los conflictos manifestados se encontraban los malos tratos, la emancipación sin relación con progenitores/as o que éstos/as vivían en el extranjero. Observamos, por parte del gobierno, una manipulación sobredimensionada de una realidad que es muy minoritaria y cuyos argumentos son muy evidentes. No se entiende, pues, ninguna reforma que limite el derecho de las mujeres jóvenes a decidir sobre sus propios cuerpos.

Referencias:



Entre mareas y olas: los feminismos en el punto de mira


Publicado junto a Ángel Amaro, en el blog SinGeneroDeDudas 

Durante la presente legislatura del PP hemos vivido y asistido a lo que a simple vista podría parecer una reactivación de la lucha feminista en el Estado español. Pero realmente todo parece indicar que hemos presenciado la emergencia de unas micropolíticas de resistencia, que no siempre suponen la creación de nuevas alternativas o nuevas formas de combatir las violencias del patriarcado. La amenaza de la contrarreforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, mal llamada Ley del Aborto con todo lo que ello implica, ha desestabilizado el devenir sociopolítico e ideológico de los feminismos a nivel estatal, poniendo en el centro un feminismo más liberal y esencialista, propio de los años 60.

La falta de perspectiva macro a nivel histórico e internacionalista, ha dado lugar a que fenómenos mediáticos y occidentales, como Femen, monopolizasen gran parte de los espacios y dinámicas feministas. En este sentido, se invisibilizan grupos y acciones artístico-performativas que siempre han existido y que nunca han acaparado tanta atención dentro de los feminismos. Es curioso como precisamente este tipo de iniciativas son aquellas que se han tejido entorno a los movimientos anticapitalistas y, en la mayoría de las ocasiones, de forma local.

Ciertas dinámicas actuales giran en torno al epicentro de Madrid, homogeneizando agendas diversas y locales, en aras de una unidad de acción mal entendida, lo que ubica en contextos ultraperiféricos proyectos emancipatorios y feministas, que se han venido articulando desde la frontera del régimen español, como por ejemplo los casos del feminismo vasco, catalán, gallego o andaluz. Además, diferentes voces han puesto el acento en que se corre el riesgo de una deriva estatalista, cisexista, monosexista, adultocéntrica y clasista.

Este proceso no constructivista favorece la dispersión en pequeños frentes identitarios, inconexos, no vertebrados por el apoyo mutuo y la solidaridad, por falta de herramientas que han sido monopolizadas y teledirigidas por el movimiento feminista de la Segunda Ola. Esto supone que epistemologías y praxis de la Tercera Ola no interpelen ni interactúen con el contexto actual. Esta falta de dialéctica teórica y práctica, entre unos y otros feminismos, nos lleva a la situación en la que nos encontramos en el Estado español. No se interactúa con los feminismos del Sur Global, no entrando en dinámicas de aprendizaje mutuo y de construcción colectiva. Esta visión eurocéntrica y colonial hace que, en general, no nos reubiquemos en el contexto actual, lo que lleva a no incorporar en nuestros aprendizajes los ecofeminismos, los feminismos comunitarios, los movimientos de mujeres en resistencia hacia los neocolonialismos, los transfeminismos, etc.

La urgencia de lo inmediato y de la respuesta a una agresión múltiple institucional (no sólo en el tema del aborto, si no también en temas clave como la Violencia de Género), ha hecho que las agendas feministas dejen más de lado la construcción de alternativas, el relevo intergeneracional, la comunicación asertiva con otros movimientos, la autocrítica y la deconstrucción de nuestra memoria histórica. Es por ello que debemos volver a mirar hacia delante y generar nuevas construcciones sociopolíticas desde los diferentes feminismos, que converjan en una interseccionalidad real de los sujetos, las epistemologías y las praxis, a través de la solidaridad y de la cooperación. De esta forma, el Feminismo podrá seguir expandiéndose en amplias capas de la población y aglutinando a todos los sectores sociales que padecen las violencias del heterofalopatriarcado.

Heterofalopatriarcado y alosexismo: el espectro asexual como disidencia


Durante el mes de septiembre, hemos dedicado el blog y la página de 12 causas feministas a desmontar la heterosexualidad obligatoria y a dar a conocer las diversidades sexuales. La razón de que el feminismo necesite hacer este ejercicio es porque el patriarcado es heterofalocéntrico, monosexista y monógamo, además de alosexista. 

El sistema sexo/género que sustenta al patriarcado nos dice que machos y hembras deben usar el sexo para la reproducción de la especie. Por eso es heterocentrista, falocentrista y coitocentrista (hombre/mujer, pene/vagina). Pero, además, como necesita que la mujer esté subordinada al hombre, utiliza el amor romántico para crear relaciones monógamas insanas[1]. Todo aquello que se salga de la norma es condenado inmediatamente por el patriarcado. Algunas veces necesita apropiarse de ciertos conceptos o de ciertas luchas y parece que la condena no es tan grande. En este sentido, Glick & Fiske propusieron la teoría del sexismo ambivalente, en el que incluyen dos tipos de sexismo: el sexismo hostil (completamente visible y fácil de etiquetar) y el sexismo benévolo (el que no se ve). Este último, el hermano bueno del sexismo, sería el paradigma de como el patriarcado ha ido evolucionando para hacerse menos visible, más sutil. De ahí que se consientan[2] las relaciones homosexuales y algunas formas de poligamia, pero la bi/pansexualidad[3] y la transexualidad, por poner algún ejemplo, no sean tan fácilmente entendidas y/o visibilizadas. 

Dentro de todo este conglomerado de diversidades en torno a la sexualidad, la identidad, la orientación, la estética, etc., siempre hay una que se nos escapa: la asexualidad. Si tenemos en cuenta que el patriarcado está encaminado hacia la reproducción, entenderemos el porqué de esta exclusión. La asexualidad es completamente incompatible con el patriarcado. Desde que nacemos se nos asume como personas sexuales, cuya vida está encaminada a encontrar una pareja romántica y tener descendencia. Las personas asexuales sufren desde la infancia cierta presión social por no ser capaces de sentir atracción sexual hacia otras personas. Preguntas como “¿aún no tienes pareja?”[4] o “¿te gusta alguna persona?”[5], son recurrentes durante la adolescencia y la juventud. Robin (quien se identifica como Ian en las redes sociales y regenta un blog en inglés sobre asexualidad y género[6]) dice “Me costó mucho empezar a identificarme con la comunidad asexual precisamente porque yo sentía que había de ser normal, por lo que eso incluía sentir atracción sexual (sea hacia cualquier género). Una vez entendí que el sexo no es importante para mí y no es obligatorio, pude empezar a sentir que en realidad podría ser asexual” Claro que algunas personas asexuales sí que sienten atracción romántica, en cuyo caso el reto está en que la otra persona entienda que para ellas el sexo es algo completamente secundario. 

Porque si hay algo que caracteriza a esta sociedad patriarcal y capitalista de hoy en día es la hipersexualización. Moisés Catalán, psicólogo y blogger de El Príncipe Lila, escribe: “Solo hay que ver el hecho de que, dentro de la orientación sexual, se incluye la orientación romántica. Amor y sexo van unidos, y es extraño cuando se explica que ciertas personas pueden enamorarse, pero que no les interesa el sexo. Es algo que no se entiende en una sociedad que, para vender coches, casas y hasta un estilo de vida, remite al sexo.” 


Todo está orientado al sexo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos recibimos múltiples mensajes con el mismo fin: sexualizar nuestras vidas. Azul, una mujer argentina de 24 años, demisexual, me contaba “Creo que la sociedad ha hecho de la sexualidad otro objeto de consumo. Se vende sexo, se compra sexo, se promociona sexo. Puedes comprarte un perfume, pero seguramente te promocionaron sexo en la publicidad. Así mismo el éxito y/o felicidad suele medirse en qué tan activo sexualmente es o no una persona o qué tan deseable sexualmente es. Esto contribuye a construir una sociedad en donde el sexo es otro artículo de lujo que hay que conseguir y explotar a toda costa, aunque no te sientas cómodo con la idea. Es un juego perverso, porque al mismo tiempo el sexo es el gran tabú, por lo que debes vivir tu sexualidad como la sociedad indica, una sexualidad prefabricada para deleite de la sociedad capitalista y heterosexista, todo lo demás queda catalogado como lo anormal.”; en el mismo sentido Mónica de 21 años dice: “no hay ni un sólo día que me sienta avergonzada o forzada a mentir por mi asexualidad, con gente con la que no tengo suficiente confianza, reirme de bromas sobre sexo o afirmar que un tío está cañón.” Sexualización que, además, nos cosifica como mujeres (somos el objeto de deseo) y nos ata a un canon concreto en el que tanto el cuerpo de la mujer como el del hombre tienen que encajar[7]. 

Desde que concebí este artículo, mi objetivo era demostrar que visibilizando la asexualidad, podemos empezar a desarmar al patriarcado y al capitalismo desde la deconstrucción de la sexualidad como una necesidad humana de primera clase. Si entendemos que hay personas que no necesitan practicar sexo para sentirse completas, o que simplemente viven su sexualidad desde perspectivas muy diferentes a las nuestras, que no sienten atracción sexual o que, si la sienten, lo hacen o lo expresan desde la diversidad[8], estamos entendiendo que la sexualidad no es un producto que se pueda comprar y vender en lotes iguales, ni tampoco es un bien de primera necesidad como la alimentación o la sanidad. Las personas sexuales tienen derecho a ser, sentirse y expresarse como tales, igual que las personas asexuales tienen derecho a no sentirse incomodadas por la sociedad. Normalizar la asexualidad, visibilizarla, ayudaría a que el patriarcado y el capitalismo no utilizaran el sexo como un producto de mercado, como una forma más de constreñir a las mujeres, o como una manera de apropiarse de las sexualidades disidentes.

Me quedo con tres ideas: La primera es de Azul “Hay que luchar por la visibilidad. Creo que es lo que hoy se necesita, estoy segura que como yo hay muchas personas que desconocen quienes son, que piensan que están mal o que no encajan. Reconocernos, saber quiénes somos es fundamental para definirnos y aceptarnos.”; la segunda es que debemos “quitarle importancia a las etiquetas (tanto autoimpuestas como impuestas por la sociedad), romper con la lógica del repudio, reconocer que los sistemas dicotómicos no son aplicables a la sexualidad y que no solo un camino es el correcto”[9]; y la tercera es la necesidad de un cambio que no “sea individual, sino buscando la manera de ser visibles, crear comunidades y que esas comunidades no sean endogámicas, aisladas del mundo, creyendo que su participacion o aislamiento no tiene ningún efecto en la sociedad, porque siempre se tiene.”[10]. A partir de ahí, sigamos trabajando por una sociedad más justa e igualitaria, donde todas las personas tengan cabida y se respeten sus derechos (tanto los individuales como los colectivos). 

Para saber más sobre asexualidad: http://www.asexuality.org/sp/ (en español) 

PD. Gracias a todas las personas que me guiaron en este tema, las que me ayudaron a difundir la búsqueda de personas asexuales con quienes poder hablar, a los y las expertas en diversidad afectivo-sexual y activistas a quienes tuve el placer de entrevistar y conocer (aunque fuera de una manera tan virtual), y a quienes respondieron con paciencia a mis preguntas.

Artículo publicado en el blog 12 causas feministas, como parte de mi voluntariado digital

Referencias:

[1]     Y con ello no estoy diciendo en absoluto que todas las relaciones monógamas sean insanas, ni que todas las relaciones polígamas sean sanas.
[2]     Siempre de una manera paternalista. Sigue habiendo LGTBfobia, pero es mucho más sutil.
[3]     Es curioso como las orientaciones no monosexuales son invisibilizadas. Se acepta la homosexualidad, sobre todo la masculina, pero la bisexualidad intenta esconderse bajo cualquier precio.
[4]     Suelen ser ¿aún no tiene novio?, si eres una mujer, y ¿aún no tienes novia?, si eres hombre.
[5]     Como en el caso anterior, la pregunta se hará en masculino si eres mujer y en femenino si eres hombre.
[7]     Para saber más sobre la hipersexualización de la sociedad y la encrucijada en la que se encuentran las mujeres, recomendable leer el libro Muñecas vivientes, de Natasha Walter.
[8]     Charlie, de 20 años, Argentina, se presentó como: “Soy Lithsexual/akoisexual (un tipo de grisexual) por que siento atracción sexual de forma esporádica cuando no es reciproca o sin importar si lo es o no. También soy arromántico panafectivo porque no siento atracción romántica hacia ningún género/ nadie ni me puedo enamorar, pero siento atracción afectiva y me puedo arrobar con personas de todos los géneros. Por último me identifico como skoliosensual, por sentir atracción erótico-sensorial (no sexual) hacia personas no-binarias y biestético por sentir atracción estética hacia personas binarias.”
[9]     Moisés Catalán.
[10]   Miguel, blogger de Golfxs con principios.

12 oct 2014

Coeducación (I Parte): Brevísima perspectiva histórica

En 1792, Mary Wollstonecraft publica Vindicación de los derechos de las mujeres como contrapartida a la obra de Rousseau: Emilio (en concreto al 5º capítulo, en el que el filósofo propone un modelo educativo para la mujer, conocido como Sofía). Era la época de la Revolución Francesa, todas las personas -incluídas las mujeres- soñaban con un gran cambio que introdujera reformas fundamentales en el tema de los Derechos Humanos. Y así pudo ser, de no ser porque se olvidaron de que las mujeres también eran parte de la ciudadanía y tenían derecho a tener derechos (valga la redundancia). Un año antes, Olympe de Gouges (Marie Gouze) escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Ambas obras son consideradas hoy en día como los fundamentos del nacimiento del feminismo moderno, aún cuando existen obras anteriores que profundizan en la misma idea, como por ejemplo De los dos sexos, Discursos físico y moral donde se ve la importancia de deshacer los prejuicios y De la educación de las damas, de François Poullain de la Barre, publicadas en 1673 y 1674, respectivamente.

Tras esas publicaciones, en el Estado español tendrán que esperar 100 años para que se haga una ley que permita a las mujeres acceder a la universidad. Previamente había habido algunas pioneras que se habían matriculado, debido a una laguna legislativa existente. Es el 8 de marzo de 1910, con Emilia Pardo Bazán como Consejera de Intrucción Pública, la fecha en la que se autoriza, real orden mediante, al acceso igualitario de hombres y mujeres a la Enseñanza Superior. En septiembre de ese mismo año, las mujeres también podrán presentarse por oposición a la enseñanza en institutos y universidades, así como trabajar en bibliotecas y archivos. 

Unos meses más tarde, el 25 de febrero de 1911, se permitió que niños y niñas estudiaran juntas en la misma clase, siempre que el pueblo estuviera a favor. Durante la Segunda República, el sistema mixto se fue implantando, aunque nunca se realizó por completo y la llegada del franquismo fue un duro golpe que acabó con los sueños y las esperanzas de las mujeres y los hombres que luchaban por la igualdad en el aula.

No será hasta 1970, con la Ley General de Educación, cuando se establezca la educación mixta, siempre con ciertos matices como el hecho de que los programas educativos serán diferenciados según el sexo. En 1985, con la Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE), se establecerá este mismo sistema también en los colegios privados.

Aunque ya en 1978 la Constitución Española reconoce iguales derechos para hombres y mujeres, se deberá esperar hasta 1990, año en el que se publica la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), para ver una transformación real en materia educación inclusiva, respecto a leyes y discursos anteriores. Según esta ley "la educación puede y debe convertirse en un elemento decisivo para la superación de los estereotipos sociales asimilados a la diferenciación por sexos, empezando por la propia construcción y uso del lenguaje". Acostumbradas como estábamos al régimen franquista, esta norma supuso un gran avance, pero no cumple con todos los objetivos que deberían de atribuírsele a la coeducación.

Tras el intento en 2002 del gobierno de Jose María Aznar de aplicar una nueva ley educativa (la Ley Orgánica de Calidad de la Educación, LOCE), en el 2006 se establece la Ley Orgánica de Educación (LOE). Esta nueva norma fomenta la educación inclusiva y la coeducación, ya que entre los fines de la educación destaca: "el pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades afectivas del alumnado, la formación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad efectiva de oportunidades entre hombres y mujeres, el reconocimientos de la diversidad afectivo-sexual, así como la valoración crítica de las desigualdades, que permita superar los comportamientos sexistas. Se asume así en su integridad el contenido de lo expresado en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”.

En el 2013, el gobierno de Rajoy publicó una nueva ley, la Ley de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), que ataca los principios de la coeducación con valores moralistas y conservadores, que hacen peligrar los logros obtenidos hasta ahora, y corresponde a una marcha hacia atrás en cuanto a la calidad de la enseñanza y a la igualdad. Un ejemplo de ello es la posibilidad de que los centros de enseñanza no mixtos puedan acceder a la financiación pública, convirtiéndose en centros concertados.

LEYES:
Ley Moyano de Intrucción Pública 1857
Ley General de Educación 1990
Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo 1990
Ley Orgánica de Calidad de la Educación 2002
Ley Orgánica de Educación 2006
Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa 2013

10 sept 2014

Violencia sexual como arma de guerra y empoderamiento feminista

 
“El triángulo de la violencia es un reflejo social de actitudes y suposiciones humanas, cognición y emociones, conducta humana violenta física o verbal, percepción humana de objetivos incompatibles, chocando. La violencia cultural es la suma total de todos los mitos, de gloria y trauma y demás, que sirven para justificar la violencia directa. La violencia estructural es la suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, y cementados, solidificados, de tal forma que los resultados injustos, desiguales, son casi inmutables. La violencia directa surge de esto, de algunos elementos o del conjunto del síndrome.” Johan Galtung. 

Basándonos en esta definición de Galtung, podemos decir que la guerra y todos los crímenes que van asociados a ella surgen de unas estructuras culturales, sociales, políticas y económicas desiguales que se han ido instaurando y permanecen en la mente y en el comportamiento de los seres humanos a lo largo de la historia. Para crear un mundo equitativo, justo, democrático y en paz debemos empezar por deconstruir estas estructuras y erigir otras basadas en los principios que acabamos de mencionar.

En el caso que nos ocupa, la violencia sexual contra las mujeres como arma de guerra, las causas están relacionadas con la violencia simbólica, cultural y estructural ejercida sobre las mujeres y sobre las comunidades indígenas a lo largo de la historia.

La violencia sexual es una de las formas más graves de violencia de género, y se fundamenta en las concepciones sociales sobre el cuerpo femenino y masculino, y sobre la sexualidad. Este imaginario social convierte a la mujer en subordinada, basándose en un sistema sexo-género que, atendiendo a las diferencias biológicas, naturaliza y admite que existen características intrínsecas a los hombres y a las mujeres que tienen que ver con la manera de ser, de sentir, de actuar y de relacionarse con las demás personas. De esta manera, el rol de autoridad y poder masculino ejercido a través de la violencia sexual es tolerado y alentado socialmente.
Como ocurre con otras formas de violencia y discriminación, la violencia sexual contra las mujeres se recrudece durante los conflictos armados y se utiliza como arma de guerra contra los insurgentes y sus familias.

La utilización de este tipo de violencia hacia las mujeres se da por diferentes razones: en algunos casos es una conquista del territorio (utilización del cuerpo de la mujer como parte del territorio masculino, que debe de ser “expropiado”), en otros casos un castigo a las mujeres guerrilleras puesto que ejercen un rol que no les corresponde, también se utiliza como método de tortura para sacar información a las mujeres sospechosas de tener algo que ver con la insurgencia, y en muchos casos con la intención de destruir a una o varias comunidades indígenas.

Si ponemos como ejemplo el conflicto armado interno de Guatemala (1960-1996), las más afectadas son las mujeres indígenas: el 88,7% de las víctimas de violación son mayas, el 10,3% ladinas y el 1% restante pertenece a otros grupos. Lo cual evidencia el carácter genocida de esta guerra. La violación, tortura, humillación y asesinato de mujeres se vio como algo inherente a la guerra, lo cual quedaba reservado a la esfera privada. Esto tuvo consecuencias gravísimas para las propias mujeres y para la comunidad en general, ya que para ellas representaba un tema tabú del cual se avergonzaban y era la propia comunidad la que en muchas ocasiones las discriminaba. Esto ocurría y ocurre por la cultura machista que predomina sobre todo en zonas rurales, donde la virginidad de la mujer es muy valorada, por ello las mujeres que sufrieron estos abusos eran rechazadas por los hombres y tachadas de prostitutas. Por esta razón, los soldados utilizaban la violación como conquista del poder sobre los guerrilleros, para debilitarles y desmoralizarles, ya que amenaza su virilidad y su vulnerabilidad. Se conquista a la mujer como al territorio, por las mismas razones de invasión del enemigo. Era la manera, también, de someter a un pueblo entero a través del cuerpo de sus mujeres; de forma que se destruía el tejido social, comunitario y cultural de los pueblos indígenas.

En este contexto, la lucha de las mujeres que han sufrido este tipo de violencia por la igualdad entre hombres y mujeres pasa, no sólo por la denuncia y el castigo de estos crímenes, si no por la visibilización y la desestigmatización de las mujeres afectadas (lo que incluye el conocimiento y el reconocimiento de sus derechos sexuales y reproductivos como vía para ser dueñas de su propio cuerpo y de su propia vida), y sobre todo la re-negociación de un nuevo pacto social que incluya unos nuevos cimientos para las relaciones de género. Es decir: desnaturalizar la violencia sexual contra las mujeres y convertirla en una violación de los derechos humanos fundamentales, que las mujeres tomen conciencia de sus cuerpos y de su sexualidad como algo propio, y transformar el sistema de poder patriarcal imperante en uno o varios modelos culturales, sociales, políticos y económicos más equitativos, justos y democráticos.

La condición física y psicosocial de las mujeres es determinante y básica para el ejercicio de sus derechos; por tanto, los movimientos de mujeres y feministas proponen generar espacios de reflexión y regeneración de conciencia para recuperar el cuerpo de las mujeres, y no continuar reproduciendo los roles que han venido asumiendo hasta ahora. Todo ello sin dejar de lado la diversidad cultural, que hemos visto de vital importancia en casos como el de Guatemala. Se incide contra el racismo de la misma manera que se lucha contra el sexismo, para reducir las brechas de las desigualdades existentes. Sin dejar tampoco de lado la participación de las y los jóvenes en estos procesos de transformación.

Es muy importante, entonces, el reclamo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; como medio para la erradicación de la violencia ejercida contra nosotras[2], pero también como un paso importante para recuperar nuestros cuerpos y, de esta forma, poder ser dueñas de nuestras propias vidas e identidades, como personas de pleno derecho y ciudadanas, como actoras de cambio.

En este contexto, resultan de gran relevancia las conferencias o foros nacionales e internacionales de mujeres en lucha. Estos eventos constituyen una forma de presión social y política, y se enmarcan, además, en ambientes de solidaridad y de apoyo, creando redes de mujeres y feministas a lo largo de todo el mundo.

“Cuando las mujeres se apropian de sus memorias para interpretarlas, organizarlas y divulgarlas, ocurre un salto cualitativo que se materializa en la historia propia, donde somos nosotras quienes hablamos desde nuestros cuerpos, con nuestras voces y nuestros símbolos, para decidir un presente que ya se hace futuro.” Ana Cofiño (La Cuerda, Guatemala: http://lacuerdaguatemala.org/es/)

BIBLIOGRAFÍA

AA. VV. Violencias contra las mujeres en el mundo: diversidad de miradas y estrategias para afrontarlas. Entrepueblos, 2008.

Revista La Cuerda, miradas feministas de la realidad. Nº 145: Memoria, construcción social del recuerdo. Guatemala, junio 2011.

D'ANGELO, Almachiara. Explorando nuestros cambios: Indicadores para evaluar procesos educativos de género. Estudio realizado en el marco del proyecto Mujer, Salud y Violencia (Financiado: UE, FNUAP; Ejecutado: C.V.G, Entrepueblos y Terra Nuova), 1999.

GALTUNG, Johan. Tras la violencia, 3R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Red Gernika, 6. Bilbao, Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998. FULCHIRON, Amadine. La denuncia de la violencia sexual cometida durante la guerra en Guatemala: ¿un camino hacia la negociación de un nuevo contrato sexual? Artículo elaborado para el congreso de LASA 2006.

Artículo publicado en el blog 12 causas feministas, como parte de mi voluntariado digital

Ecofeminismo de los pueblos indígenas


Hay una corriente feminista que surge de los movimientos indígenas del sur global, que bebe de las vivencias y experiencias de estos pueblos. No se puede afirmar que hay un solo Ecofeminismo de los Pueblos Indígenas, pues existen tantos como comunidades originarias. Su principal punto en común es una fuerte crítica al desarrollismo, desde sus respectivas cosmovisiones. Con el fin de ilustrar esta corriente, vamos a analizar dos ejemplos: el Feminismo Comunitario y el Movimiento Chipko.

El Feminismo Comunitario

Está tomando fuerza en Mesoamérica y en la región andina latinoamericana, y surge de la experiencia vital de las mujeres indígenas, a partir de la toma de conciencia de la opresión y expropiación de sus cuerpos por parte de los diferentes patriarcados: el patriarcado ancestral y el patriarcado occidental que llegó a través de la colonización, ambos se retroalimentan y se refuerzan.

Para los pueblos indígenas, el territorio constituye el referente de identidad colectiva, es decir, el espacio de pertenencia a un grupo y a una cultura[1], marcado por la afectividad histórica con el medio, que ha ido configurando las relaciones sociales de la comunidad y su organización política. Mantener el territorio significa mantener su sociedad y su cultura, así como sus medios de supervivencia. De esta manera, la territorialidad[2] es el fundamento de sus reivindicaciones étnicas y políticas. En estas últimas décadas, la defensa del territorio se ha convertido, además, en una lucha por la supervivencia debido a la entrada de un modelo de producción y consumo que destruye el hábitat y deja a las comunidades sin los recursos básicos necesarios.

En paralelo a la lucha por el territorio ha surgido una lucha de las mujeres por formar parte de la comunidad de una manera integral, reivindicando su participación en las relaciones de poder de una manera igualitaria. Además, ha sido frecuente durante los conflictos armados internos la utilización de la violencia contra las mujeres como arma de guerra, por dos razones principales: como una forma de conquista del territorio y para desestructurar las relaciones internas de las comunidades indígenas. Por eso, la reapropiación de los cuerpos de las mujeres como territorios de resistencia ha tenido un lugar principal en la lucha de estas mujeres por la igualdad de derechos dentro y fuera de su comunidad.

En resumen, el feminismo comunitario se comprende en un contexto en el que la defensa del territorio[3] está siendo prioritaria, integrando en la misma la lucha contra la violencia hacia las mujeres de los diferentes patriarcados. De esta manera, es necesario que el cuerpo se convierta en un territorio (territorio-cuerpo: defensa de los derechos sexuales y reproductivos, deconstrucción de los roles de género y las relaciones de poder) de resistencia frente a la expropiación y violencia históricas, así como la tierra debe de ser defendida porque es el territorio (territorio-tierra: defensa del territorio, de la naturaleza) en el que conviven los cuerpos[4].

El movimiento Chiptko

Vandana Shiva es una de las personas referentes de este movimiento. Movimiento que fue en un principio de carácter ecologista, aunque con una destacada participación de las mujeres. Se constituyó, en sus orígenes, sobre el principio de la no-violencia activa, en defensa de los recursos forestales y la conservación de la naturaleza para frenar su degradación, y ha ido incorporando una visión más amplia sobre los problemas ambientales.

Especial relevancia ha adquirido la lucha contra las biopatentes, al considerar que son la invasión de las formas de vida por parte del capitalismo patriarcal, que hace desaparecer la reproducción y la reemplaza por la producción, para que pueda seguir existiendo un crecimiento del capital[5].

Para el capitalismo patriarcal, cuestiones como la maternidad, los cuidados o la agricultura de supervivencia, son definidas como no productivas, porque no se compran ni se venden, no se genera capital y no existe el crecimiento económico. Forman parte de ciclo de la reproducción, y se han ido incorporando en el sistema capitalista de manera gradual como producción a través de productos como las biopatentes, los fertilizantes, e incluso la propia destrucción de la naturaleza. En definitiva, para el capitalismo patriarcal, la reproducción en sí misma, de la vida, no es considerada como un bien si no se puede incorporar al mercado. El movimiento Chipko sirve de referencia para mostrar como los movimientos por la reclamación de los derechos de las mujeres surgen de las luchas contra la violación de derechos, aunque éstos en un principio no sean “de género”. De esta manera se demuestra que los movimientos para la reivindicación de derechos a nivel público pueden traducirse en una vindicación de los derechos a nivel personal[6]. 


2. Sentido de pertenencia de los habitantes en referencia al lugar en el que viven, que implica las relaciones sociales y las relaciones de esta sociedad con el medio.

3. Entendemos territorio como un sistema socioecológico de la sociedad y el medio en el que ésta habita. Así mismo, y para diferenciarlo, hablaremos de tierra para referirnos a la definición espacial, paisajística y ecológica de territorio. Es decir, tierra sería un área física en la que existe un medio natural que interactúa con las sociedades que la habitan.

4. http://porunavidavivible.files.wordpress.com/2012/09/feminismos-comunitario-lorena-cabnal.pdf

5. Shiva, Vandana; Flores, Judith; Martínez, Esperanza (2012). Ecofeminismo desde los derechos de la naturaleza. Quito: Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo.

6. DAGSPUTA, J. (2010). “Las luchas de las mujeres supervivientes de Bhopal por la justicia medioambiental”; en Género, movimientos populares urbanos y 38 medioambiente, pp. 159-169. Madrid: IEPALA 

Artículo publicado en el blog 12 causas feministas, como parte de mi voluntariado digital

Ecofeminismo: una historia de encuentros y desencuentros entre el feminismo y el ecologismo

 
En las últimas décadas, el creciente deterioro ambiental derivado del modelo de producción  y consumo capitalista vigente ha motivado la incorporación de este tema a la agenda de los diferentes movimientos sociales y organizaciones de cooperación internacional para el desarrollo. Resultaba inevitable que tarde o temprano se planteara su interacción con otra de las cuestiones centrales para evaluar el desarrollo: la desigualdad de género. El ecofeminismo surge, de esta manera, como un diálogo entre el ecologismo y el feminismo, tal como cuentan las autoras Bosh, Carrasco y Brau en su artículo “Verde que te quiero violeta. Encuentros y desencuentros entre feminismo y ecologismo”.

Aunque existen zonas fronterizas entre las diferentes corrientes ecofeministas, a efectos expositivos pueden agregarse en dos enfoques: uno que emana de los movimientos sociales y de las vivencias, esencialista; y otro que surge desde el ámbito académico, llamado constructivista.

Es necesario reseñar que el concepto de ecofeminismo fue enunciado por primera vez en 1974 por Françoise d’Eaubonne. D'Eaubonne sostiene que es la sociedad patriarcal la que ha conducido a la crisis ecológica; alcanzando ésta dimensiones globales con el capitalismo como último estadio del patriarcado (así lo relata Alicia Puleo en su libro “Ecofeminismo para otro mundo posible”). A partir de este planteamiento, señala a las mujeres como potencial revolucionario para construir una sociedad igualitaria y convivial entre las personas, y entre éstas y la naturaleza.
Los principios básicos de su pensamiento se recogen, en mayor o menor medida, en todos los enfoques del ecofeminismo, de ahí su importancia. De manera resumida, estos principios tienen como referencia el pensamiento anarquista, ya que esta corriente había abordado temas que el marxismo ortodoxo de la época rechazaba como desviaciones pequeñoburguesas, como el ecologismo y el feminismo. En concreto, fundamenta su propuesta en el apoyo mutuo de Kropotkin, que criticaba el productivismo y promulgaba no sólo la calidad de vida de las personas, sino también la necesidad de compatibilizarla con el cuidado de la naturaleza; y la reivindicación de Emma Goldman por la libertad sexual de las mujeres y el uso de la anticoncepción como una forma de lucha contra la explotación obrera.

A pesar que sus ideas no tuvieron cabida en el pensamiento francés de la época, sí que tuvieron una notable repercusión y acogida en Australia y en Estados Unidos, donde incluso se llegó a crear una cátedra sobre ecofeminismo.

Un recorrido en clave crítica: enfoques y corrientes

Dentro del enfoque más esencialista, nos encontramos con diferentes corrientes: el ecofeminismo radical, de raíces anglosajonas y visión ginocéntrica, y otras dos corrientes con un fundamento más espiritual, ligadas a la Teología de la Liberación y a las cosmovisiones de los pueblos indígenas. Aunque cada una de ellas tiene sus rasgos definitorios, se pueden observar diferentes puntos en común.

Todas las corrientes reconocen la cercanía de la mujer a la naturaleza y, por ende, a las funciones reproductoras. Si bien es cierto que sólo la corriente radical lo enfoca desde un punto de vista biologicista, mientras que las demás corrientes asumen la construcción social de las diferencias entre mujeres y hombres. Este reconocimiento de las diferencias es el fundamento para la reivindicación de la igualdad. Es necesaria la identidad de grupo para la construcción de un proyecto político de emancipación (del artículo “Esencialismo, anti-esencialismo y feminismo”, de Lorena Parini).

La primera corriente se cataloga de esencialista porque uno de sus principios es que los atributos de hombres y mujeres son esenciales, y no construidos socialmente. Esta corriente supuso la búsqueda de la revalorización de las tareas típicamente femeninas y también el uso de los estereotipos como estrategia para luchar contra las desigualdades. La principal crítica que se le hace al ecofeminismo radical es el peligro que entraña esta reivindicación de los roles femeninos en base a las diferencias biológicas. Este planteamiento, que recupera el discurso patriarcal, afecta de manera negativa a la vindicación histórica de las mujeres por sus derechos y por la búsqueda de la igualdad de oportunidades, encerrando a las mujeres en sus cuerpos (en sus características anatómicas, biológicas y en sus funciones reproductoras) y relegándolas al ámbito doméstico para privarlas de los derechos de los que se pueden beneficiar en el ámbito público (Parini, mismo artículo). Además, según esta visión, el hombre sería la raíz de todo mal (Puleo, misma obra), debido a su carácter violento.

Aun así, algunos de los planteamientos de esta corriente siguen vigentes a día de hoy. Por ejemplo, la preocupación por los efectos sobre la salud de la píldora anticonceptiva y de la terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia. O el abierto debate sobre si la revolución sexual de las mujeres ha sido absorbida por el patriarcado capitalista como otra forma más de consumismo y de opresión.

Frente a esta determinación biológica del ecofeminismo radical, las otras dos corrientes son esencialistas desde el punto de vista espiritual, y ven las diferencias como construcciones sociales fruto de la sociedad patriarcal.

Todas ellas ponen de manifiesto el desprecio del capitalismo patriarcal hacia la naturaleza, y la importancia del control de las mujeres sobre su propio cuerpo como vía hacia la igualdad; tal y como ya había teorizado Françoise d'Eaubonne.

Dentro del enfoque constructivista pueden distinguirse dos corrientes: el ecofeminismo liberal (que bebe del feminismo liberal y de la economía ambiental) y el ecofeminismo socialista (ligado a los movimientos sociales altermundistas, al ecologismo crítico y a la economía feminista). Existen diferencias clave en los planteamientos de las dos corrientes que forman parte de este enfoque. Aunque ambas se sustentan en la construcción social del sistema sexo-género como base para fundamentar las desigualdades entre hombres y mujeres, y tienen algunos puntos en común en cuanto a la búsqueda de responsabilidades de la crisis ecológica.

Algunas autoras, como Holland-Cunz o Warren, afirman que el ecofeminismo liberal no existe más que a nivel teórico, ya que el feminismo liberal tiene un pensamiento muy dualista (cultura/naturaleza) y su individualismo entra en conflicto con la ética ecológica, según la autora Hollanz-Cunz en su libro “Ecofeminismos”. Aunque sí admiten que algunas políticas públicas pueden ser catalogadas dentro de esta corriente. Sin embargo, la economía ambiental se ciñe bien a los principios del feminismo liberal, formando así un ecofeminismo que pretende la justicia ecológica y de género dentro de un sistema capitalista, que es de por sí injusto social y ecológicamente.

En cuanto al ecofeminismo socialista, es una corriente claramente anticapitalista y que explica con claridad las conexiones del sistema capitalista con el patriarcado, intentando crear conciencia crítica sobre la raíz de las desigualdades y de la crisis ecológica. La principal debilidad de este enfoque es su carácter eurocentrista e intelectual, que se intenta corregir a través de experiencias sororales internacionalistas, como los Foros Sociales Mundiales o la Marcha Mundial de Mujeres.

Puntos de unión

Todos y cada uno de los ecofeminismos que hemos perfilado en el apartado anterior tienen en cuenta, aunque esgrimen diferentes causas, que las mujeres están más cerca de la naturaleza y son poseedoras de cualidades y conocimientos muy específicos sobre el cuidado de la vida y del medioambiente. Con esta perspectiva, los diferentes enfoques intentan avanzar hacia un desarrollo alternativo, en el que las mujeres son sujetos de derechos y de cambio, no sólo a nivel medioambiental, sino también a nivel social e, incluso, personal.

Según este punto de vista, las mujeres son doblemente explotadas por el patriarcado capitalista, ya que están relegadas al ámbito privado y de la reproducción, y además velan por las relaciones de justicia entre la naturaleza y el ser humano, lo que dificulta la explotación productivista por parte del sistema. De esta forma, el ecofeminismo defiende, por un lado, el territorio-cuerpo femenino de la explotación patriarcal y, por otro, el territorio-tierra de la explotación capitalista; tal y como explica Lorena Cabnal en su artículo realizado para la publicación de ACSUR-Las Segovias “ Feminismos diversos: el feminismo comunitario”.

Un tema que abarcan todas las corrientes ecofeministas, y tiene mucho que ver con la defensa del territorio-cuerpo, es la reapropiación del cuerpo de la mujer como territorio de resistencia y la recuperación de su derecho a decidir sobre él, sin la injerencia de una legislación que viole su intimidad y, en muchos casos, ponga en peligro su salud.

Otro de los principios fundamentales es la idea de la necesidad de recuperar los valores que el patriarcado llama femeninos. Es decir, la construcción de un paradigma de desarrollo completamente alternativo teniendo en cuenta la justicia social y ecológica, deconstruyendo la economía de mercado que impera hoy en día y que es insostenible a todos los niveles. Vandana Shiva, a este respecto, reivindica el prakriti o “principio femenino” como fuente de toda vida, para construir la relación práctica de las mujeres con la naturaleza, extendida al ser humano en general, frente al modelo de desarrollo dominante “occidental, patriarcal y basado en una perspectiva reduccionista de la ciencia y de la tecnología al servicio del mercado mundial, tremendamente destructivo con las mujeres, la naturaleza y los pueblos no occidentales” (Cita de las autoras Braidotti, Charkiewicz, Häusler y Wieringa, en su artículo “Las mujeres, el medioambiente y el desarrollo sostenible”).

Otro punto en común que tienen todos los ecofeminismos es que tanto la mercantilización de la naturaleza, como el trabajo de las mujeres y de los pueblos empobrecidos han generado la acumulación de capitales en los países ricos y la explotación de los países no occidentales. Así, se plantea el cuestionamiento del sistema actual como viable y único posible, ya que las diferentes corrientes (exceptuando el ecofeminismo liberal, y tal vez el radical) abogan por la economía de subsistencia y por la soberanía alimentaria, así como por la emancipación de los pueblos, más acordes con un desarrollo enfocado en los derechos de las personas y de la naturaleza.

Vemos como existen muchos puntos en común entre el dominio y opresión de las mujeres y el dominio y explotación de la naturaleza, ya que el pensamiento patriarcal ha presentado siempre a las mujeres más cercanas a la naturaleza y a los hombres cercanos a la cultura, siendo esta considerada superior a la naturaleza, y por ende, a las mujeres inferiores a los hombres. Por tanto, el ecofeminismo materializa esos puntos comunes subyacentes entre los objetivos de los movimientos feministas y los ecologistas, hacia una visión alternativa de una sociedad más igualitaria; así nos lo cuenta Bina Agarwall en el libro Género, movimientos populares urbanos y medioambiente.

También existe una fuerte implicación del ecofeminismo con los movimientos sociales y políticos. En la mayoría de los casos, el ecofeminismo ha nacido de la práctica, y cuando no ha sido así enseguida se ha ligado a las luchas sociales (como en el caso de las ecofeministas del estado español, que surgen en su mayor parte del ámbito académico, pero están muy unidas a los movimientos ecologistas).

Pero el principio común más importante que tienen todos los enfoques y las corrientes ecofeministas es el objetivo final de todos y cada uno de ellos: salvar la vida en la tierra y acabar con la dominación del hombre sobre la mujer, del hombre privilegiado sobre el hombre empobrecido, y del hombre sobre la naturaleza, deconstruyendo las relaciones de poder desiguales y participando activamente en la creación de modelos de desarrollo alternativo que se basen en la economía de la igualdad y en una sociedad cuyo principio fundamental sea la justicia a todos los niveles, y todo ello teniendo en cuenta la diversidad de culturas y la solidaridad entre los pueblos.

Artículo publicado en Miradas por el desarrollo

1 nov 2013

La única revolución posible es la de los sentidos


“El feminismo me cagó la vida, ningún lugar volvió a ser habitable como antes. / Yo no quiero cambiar el mundo, quiero destruirlo y hacer otro de nuevo, aspiro a esa libertad que todavía no conocemos. / El feminismo me cagó con la vida y se lo agradezco, en realidad, lo único que perdí fue el miedo" 

Lo que acaban de leer es parte de un vídeo que describe la experiencia de una mujer feminista. Así, creo, nos hemos sentido todas las personas que nos pensamos feministas. Al feminismo no llegas, él te llega, te atrapa y no puedes escapar. Empiezas a darte cuenta de aquello que te rodea: lo que siempre te había parecido normal empieza a ser incoherente con los nuevos planteamientos a los que te enfrentas.A mí me pasó lo mismo. Primero con el feminismo. Empecé a cuestionarme todas mis relaciones. Me cuestioné hasta las canciones que escuchaba. Y ahora empieza a ocurrirme algo similar con el ecofeminismo. Yo, que siempre me he definido como una persona urbanita, siento la necesidad de volver a la tierra, de sentir la tierra con mis manos.

Sentir. En su más primitivo significado etimológico, quiere decir tomar una decisión orientada por los sentidos. El ser humano necesita sentir. Necesita emocionarse, salir de su estado habitual. Es por eso que los movimientos sociales de hoy en día no suelen llegar a la gente con la suficiente fuerza. Nos hemos acostumbrado a esperar que las personas entiendan nuestras intrincadas teorías conspiranoides de la economía, sin darnos cuenta de que empezábamos a jugar en el mismo terreno, con las mismas armas con las que nos ataca el capitalismo patriarcal, la falta de empatía y de sentimiento.

Ernesto “Che” Guevara ya nos lo aconsejó: Sean capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia, cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, pues es la cualidad más linda de un revolucionario. Así mismo, Emma Goldman fue más tajante: Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa.

Tanto el patriarcado como el capitalismo han desterrado los sentimientos y las emociones del tablero de juego. El patriarcado los ha invisibilizado (a los sentimientos) convirtiéndolos en algo propio de las mujeres, esos seres inferiores y débiles, de los que no merece la pena ocuparse sino es para que cumplan con sus tareas reproductoras y de los cuidados. El capitalismo directamente los ha omitido de su análisis de la sociedad, el ser humano no es sino una herramienta más de producción y consumo.

Ésta es la razón por la que la gente necesita conectar con sus afectos. Sentir, emocionarse. Que la saquen de su rutina diaria de máquina hacedora de dinero, de máquina de consumo. La gente necesita que le devuelvan la humanidad. El movimiento 15M lo consiguió, por unos meses creíamos que habíamos despertado y comprendido la realidad en la que estábamos inmersos/as. Pero al final este movimiento sucumbió en la misma lógica que el resto de movimientos sociales que nos rodean: reuniones, comités, plataformas, charlas repetidas hasta la saciedad. El movimiento 15M perdió la humanidad y, con ella, la capacidad de llegar a la ciudadanía. Sólo hay una plataforma que sobrevive consciente de su realidad: la PAH-Stop Desahucios, porque trabajan desde las familias y para las familias. Sacan a la calle la vida misma, la vida como subsistencia. Nos enfrentan a ella y nos conmueven. La emoción, el sentimiento: la empatía. Es la empatía, la precursora de la solidaridad, la que nos moviliza.

Y es ahí donde puede jugar un papel importante el ecofeminismo crítico. El análisis ecofeminista de la economía, con la vida en el centro, revalorizando los cuidados y los afectos, puede ayudarnos a entender mejor a aquellas personas a las que nos pasamos la vida intentando llegar, creyendo que con nuestras charlas y conceptos vamos a despertarlas del sopor en el que han caído a causa de este sistema embaucador y egoísta. Puede ayudarnos a empatizar con esas personas que no entienden, de primeras, eso de la clase obrera, del socialismo o del feminismo. Y digo bien cuando digo de primeras, porque no es que sean tontas o incapaces de comprender aquello de lo que hablamos. Es que ya tienen suficiente en lo que pensar día a día para sacar adelante a sus familias, para sobrevivir. Pero escuchan, ponen atención cuando algo les llega a las entrañas y en un segundo se ven capaces de sentir algo que va más allá de su propia angustia existencial.

Sí, reivindico desde esta humilde posición la pedagogía popular de los afectos, de las emociones y de los sentimientos. Sin una revolución de los sentidos, que nos haga soñar más allá de la rutina economicista en la que estamos inmersas las personas, incluso aquellas que somos activistas en diversos movimientos sociales, sin una revolución afectiva y emocional, no habrá revolución que transforme el mundo. Estaremos ante otro sistema económico, pero será un sistema igual a éste, un sistema en el que habrá individuos/as y la solidaridad brille por su ausencia.

Pero para que todo esto funcione, nosotros/as también necesitamos sentir, tomar decisiones guiadas por nuestros sentidos y no por nuestra rutina. Necesitamos emocionarnos, que algo cambie nuestro rumbo y nos haga seguir avanzando. Sólo así podremos empatizar, llegar a quienes aún no hemos llegado a pesar de todos nuestros esfuerzos, solidarizarnos de verdad.

Cuiden los afectos, los sentimientos, emociónense. Así serán verdaderos/as revolucionarios/as, y no meras máquinas de fabricar conceptos.

Abrazos verdes y lilas, no se olviden de repartirlos por ahí.